miércoles, 13 de enero de 2010
Una pieza de museo del siglo XX
Los materiales utilizados fueron recolectados de todo lo que pudieron encontrar en su casa, por ejemplo, la madera del mástil la obtuvieron de una chimenea que un familiar suyo estaba apunto de tirar a la basura. Los marcadores del diapasón no eran más que botones de madre perla aportados por su madre, que era costurera. El brazo para los trémolos era una parte que sostenía la canastilla de una bicicleta y la punta del mismo era de un gancho para coser. Los resortes para este brazo los obtuvieron de un amigo suyo que reparaba motocicletas y tenía bastantes de esos en su taller. Los fonocaptores los tuvo que comprar, así como las cuerdas, al no tener éxito en los posibles sustitutos. Su padre le ayudó a hacer la parte electrónica, incluyendo algunos efectos.
Y así fue como nacio la Red Special, con un costo menor a 10 libras esterlinas hoy en día es una guitarra legendaria, que pertenece al mítico guitarrista Brian May (uno de los mejores en la historia del rock). Brian grabó todos los discos que hizo con Queen y realizó todas sus presentaciones en vivo utilizando esta guitarra. Como dato curioso, Brian encontró que el sonido ideal lo lograba tocando su guitarra con una moneda de seis peniques en vez de plumilla.
He aquí una muestra de lo que esta belleza es capaz de producir:
Alex Giles
lunes, 5 de octubre de 2009
REFLEXIONES DURANTE LA CAÍDA
Como lo prometí, aquí les tengo un cuento. Es un poco distinto a lo acostumbrado, este es de humor y es parte de uno de mis libros favoritos (del que he leído cada cuento como veinte veces), llamado "El Cañón de Largo Alcance", el autor es Marco Aurelio Almazán. Así que si lo ven, no duden en comprarlo. Este cuento se titula "Reflexiones durante la caída". Ahí les va:
Al subir a la azotea para poder admirar a la vecina que toma baños de sol, me he raspado los zapatos. Y eran unos zapatos nuevos. Bueno, supongo que eso ya no tiene la menor importancia, pero de todos modos da rabia estropearse algo que costó cerca de doscientos pesos.
¿Cuántos pisos tendrá este condenado edificio? Bastantes, me imagino, pues precisamente desde la azotea se puede dominar el panorama de todas las casas vecinas, donde toman el sol una serie de rorras imponentes. Una de ellas, la morenaza que subí a contemplar hoy, está tan monumental, que por verla mejor me empiné demasiado sobre el pretil, perdí el equilibrio, operó la ley de la gravedad, y debido a todo ello ahora vengo descendiendo con rapidez vertiginosa.
Creo que en estos momentos que preceden a mi brusco aterrizaje debo rememorar toda mi vida, como dicen que les ocurre a los ahogados en los breves minutos que están pataleando entre éste y el otro mundo. Sin embargo no me puedo acordar de nada. ¿De María Luisa? No vale la pena, con lo ingrata que fue conmigo. ¿De la Cuquis? ¿Para qué, si ya se casó? Por cierto me dijeron que le está poniendo unas astas descomunales a su señor marido. De buena me escapé.
En fin, creo que ya voy por el noveno piso y todavía no se me ocurre nada de qué acordarme. Hay que ver cómo rinde el tiempo cuando uno va en caída libre con aceleración de 9.9 metros por segundo. Creo que esa es la velocidad a que caen los cuerpos, tomando en cuenta la masa y el cuadrado de la distancia al suelo, pero no estoy muy seguro. Parece mentira que ya no me acuerdo de nada de mis clases de física. Ni de química, ni de álgebra, ni de... Lo único que se me quedó grabado en la memoria fue la anatomía, y eso porque después la seguí practicando en diversas chicas. Socorrito, Lulú, Meche... aquella sonorense tan bien dada que salía a bailar en el Blanquita... ¿Qué habrá sido de ella? ¡Pensar que estuve a punto de desfalcar el banco para irnos al Brasil! Menos mal que no lo hice, pues de otra manera ahorita estaría yo metido en tremendo lío.
No sé si estoy cayendo con la cabeza o con los pies para abajo. Como la cabeza pesa más, supongo que aterrizaré con ella. Aunque como yo siempre he tenido buena suerte, a lo mejor caigo de pie. “Tú siempre caes de pie”, me decía mi difunto tío Rigoberto. Por cierto que me gustará volver a verlo. Será gracioso, eso de darle una palmadita en la espalda “Hola, tío”... “¡Hombre! ¿Qué andas haciendo por aquí?”... “Pues nada, que volví a caer de pie”... Ja, ja, cómo me voy a reír.
Bueno, por otra parte no va a tener ninguna gracia eso de caer de pie y darme cuenta cómo se me van incrustando todos los huesos del esqueleto. Primero la tibia, luego el peroné, la rótula, el fémur... ¿O es al revés? ¿Qué viene primero, el fémur o la tibia? Bueno, supongo que todo depende del punto de vista desde donde se considere el asunto.
¡Caray, qué muchacha más mona esa que está asomada en la ventana del quinto piso! Se me quedó mirando y abrió la boca. Yo creo que quería hablarme. Lástima que no haya podido hacer una cita con ella: me encantaría invitarla a cenar a un restaurante de postín en la Zona Rosa, y después llevarla a bailar al Jacaranda... No, el Jacaranda se llena mucho, sobre todo en esta temporada de turismo. Sería mejor uno de los saloncitos por Insurgentes Sur: son mucho más íntimos. Pero desgraciadamente ya no tengo tiempo. Eso es lo malo. Las prisas en que vivimos. No alcanza el tiempo para nada. Ahora mismo debo ir con una velocidad parecida a la del módulo lunar cuando se aprestaba a descender en el Mar de la Tranquilidad. Sólo que yo no llevo motores retropropulsores.
Debo ir bastante abajo, porque ya no veo el Castillo de Chapultepec. Bueno, para lo que siempre me ha importado el dichoso castillo. Creo que nunca lo visité. Eso es lo que nos sucede a los que nacimos en la capital. Treinta años de vivir aquí, y jamás vamos a Xochimilco, a la Villa, ni a las pirámides, ni al Árbol de la Noche Triste. Debería darnos vergüenza. Pero en fin, ya no tiene la menor importancia.
Creo que definitivamente voy a caer de cabeza, pues acabo de ver el número 2 del segundo piso al revés. Y en cambio no puedo ver a la gente que va caminando por la calle, aunque sí puedo escuchar sus gritos: “¡Hazte a un lado animal, que ahí viene cayendo un cosmonauta!”
Qué brutos. Si supieran que tan sólo soy un empleado del Departamento de Cuentas Corrientes del Banco de Comercio. Es decir, era. Era un empleado, pues ahorita ya voy por el primer piso y es cuestión de segundos. Lástima que no pueda hacerle la broma a mi tío Rigoberto diciéndole que otra vez caí de pie. Porque ahora sí es seguro que caigo de cabeza. Me voy a poner el traje hecho un asco...
Alex Giles
domingo, 20 de septiembre de 2009
DONATELLO (III)
Ópera Rock en Tres Actos (este es el esquema solamente)
Idea original: Edgar Berrospe y Alejandro Giles
TERCER ACTO
Personajes: Donatello, José Mentecho, Aquiles Baeza, Edgar Añón, Juanita, Higurashi, Cuco, Tláloc, Marco G. Rico, Yossi T. Castro.
Han pasado muchos años desde aquella reunión en la que Juanita conoció a Tlaloc y Donatello desapareció de la vista de todos. Cuco se ha cansado de ser el manager de grupos plásticos y ahora que tiene fama y dinero añora las épocas en las que se divertía creando cosas nuevas con “The Dead Friends” y decide rescatar el grupo de las cenizas. Se escucha una canción llena de energía.
Primero busca a Edgar Añón y se encuentra con la sorpresa de que su enfermedad venérea ha sido curada y que además ha sentado cabeza casándose con la sargento de la guerra del Golfo, Yossi T. Castro. El siguiente paso que Cuco dio fue meter a Aquiles Baeza en un programa de rehabilitación, donde consigue en poco tiempo olvidarse de las drogas pero se vuelve adicto al café y al cigarro. Por último, se encuentra con un José Mentecho listo para salir del manicomio con la condición de que Cuco se hiciese responsable de su comportamiento. Este último decide organizar un evento para reunir a todos lo amigos de antaño, lo que coincide con la noticia de que Higurashi y su esposo Marco G. Rico se han cansado de viajar por el mundo y han decidido formar su propia empresa en México dedicada a artículos electrónicos para el hogar. Por su parte, Juanita y Tlaloc han vivido juntos los últimos tres años, pero aún no se deciden a casarse formalmente. En este punto suena una balada extremadamente calmada.
El día del evento todo sale conforme al plan: es una reunión planeada con un público selecto, sólo los más cercanos a la banda junto a unos cuantos empresarios de la industria discográfica, e inversionistas. La banda empieza tocando una canción tranquila, también balada pero con un coro pegajoso, al que poco a poco se unen todos los presentes.
De pronto cambia completamente el ritmo y suena una canción agresiva. En ese momento hace su aparición Donatello, quejándose estrepitosamente por no haber sido invitado a la reunión. Aquiles Baeza en el micrófono hace un comentario irónico sobre su aparición y lo invita a subirse al escenario, a lo que Donatello responde sacando una Thompson con la que le hace cerca de cincuenta agujeros calibre .45 en menos de tres segundos.
Todo mundo se asusta y corre a ocultarse donde puede, sin embargo, nadie escapa a la ráfaga proveniente de la ira de Donatello y de su subametralladora, mientras se escucha una canción de metal pesado.
Después de la lluvia de plomo sólo han quedado cuatro personas en pie: Higurashi, Juanita, Tláloc y el mismo Donatello. Se escucha una canción desesperante.
Donatello, eufórico, no sabe a quién le debe disparar, en su estado de locura le es difícil saber si está enamorado de Juanita o de Higurashi, quien observa la duda en la mirada de Donatello y decide arriesgarse a intentar desarmarlo. A manera de reflejo, Donatello le dispara a Higurashi, quien cae muerta al instante. En ese momento calma la música desesperante y se escucha unacanción disonante, con acordes que van desde lo más agudo a lo más grave. Sólo entonces Donatello empieza a recapacitar en su propia vida y poco a poco se va dando cuenta de que él en realidad amaba a Higurashi y en ese momento se dirige al cadáver inerte de su amor platónico para intentar reanimarlo. Al darse cuenta de que esto es imposible, decide ponerle fin a su angustia y dispara sobre sí mismo la última ráfaga de su Thompson.
El final de esta ópera rock está ambientado con una canción triste y con la imagen de Juanita llorando sobre la tumba de Tláloc. En el mismo panteón se pueden ver las tumbas de todos los amigos restantes y los invitados a la reunión, incluyendo a Donatello.
Alex Giles
viernes, 21 de agosto de 2009
DONATELLO (II)
Idea original: Edgar Berrospe y Alejandro Giles
SEGUNDO ACTO
Personajes: Donatello, José Mentecho, Aquiles Baeza, Edgar Añón, Juanita, Higurashi, Cuco, Tláloc, DDR, Marco G. Rico.
Haciendo gala de sus habilidades como representante, Cuco logra que el gran gúru del rock, Orlando Manzana Baja, produzca el primer dico de la banda. Muchas de las canciones del disco se convierten en éxitos, además esta música es capaz de hacer llorar a las banquetas y de calmar a los microbuseros, haciendo que estos manejen decentemente. El grupo ha dejado de llamarse “Los Miserables” para convertirse en “The Dead Friends”, nombre sugerido por José Mentecho después de tener un sueño en el que vio a todos sus amigos muertos. Cuco sugirió que el nombre fuese en inglés para que pegara más y para que sonara “más internacional”. Durante esta introducción se escucha una canción rockera con un ritmo pegajoso
Los miembros de la banda, junto a sus fieles amigos Higurashi, Juanita y Donatello, se encuentran en una reunión social donde se halla la crema y nata de los artistas del momento. En esta reunión conocen al poeta Tláloc Zapatero -mexicano de nacimiento pero de padres españoles amantes de la cultura prehispánica- y al artista conceptual Donald Duncan Robinson -mejor conocido por sus iniciales, “DDR”. Como música de fondo de la reunión se escucha una canción de guitarra clásica.
En esta fiesta se ofrece todo tipo de drogas y Aquiles Baeza no descansa hasta probar por lo menos una dosis de cada una de ellas. Por otra parte, Edgar Añón se desaparece de la fiesta con tres muchachitas que son parte del club de fans de la banda. Se escucha una canción extraña, con notas disonantes y sin ritmo fijo.
Juanita empieza a conversar con Tláloc y poco a poco va quedando atrapada por la gran habilidad verbal de su interlocutor y éste a su vez se enamora de los ojos de Juanita. Donatello por su parte, se encuentra notablemente enfadado y no deja de mirarlos mientras se escucha una canción estruendosa y agresiva.
El grupo se va desintegrando poco a poco: Juanita sale cada vez más a solas con Tláloc. Higurashi conoce al multimillonario Marco G. Rico quien la lleva a viajar por todo el mundo. Aquiles Baeza se ha entregado por completo a las drogas. A Edgar Añón le diagnostican una enfermedad venérea pero aún así no para de tener sexo todo el día, quedando cada día más debilitado a causa de su condición. José Mentecho no deja que nadie se le acerque y sufre ataques de neurosis debido a que no puede dormir porque siempre tiene el mismo sueño donde ve a sus amigos horriblemente bañados en sangre; finalmente se lo llevan a un hospital psiquiátrico. Cuco deja de ser el manager de la banda dado los problemas de sus integrantes y decide dedicarse por completo a su nuevo proyecto llamado “Kenny y los Eléctricos, la Nueva Generación”. Donatello... nadie sabe nada de él desde el día de la fiesta en el que conocieron a Tláloc y a DDR.
El segundo acto concluye con una foto de todos los amigos en el momento en el que eran más unidos. Acompañando a esta foto suena una canción melancólica.
sábado, 15 de agosto de 2009
DONATELLO (I)
Idea original: Edgar Berrospe y Alejandro Giles
PRIMER ACTO
Personajes: Donatello, José Mentecho, Aquiles Baeza, Edgar Añón, Juanita, Higurashi, Cuco.
Se abre el telón, entra en escena Donatello arrastrando los pies y suena de fondo una canción triste. Entra en escena Juanita, corriendo alegremente hacia donde está Donatello y de pronto se detiene. Donatello le dirige una tímida sonrisa. Se oyen las voces de otras personas y entonces entran en escena Aquiles Baeza, Edgar Añón, José Mentecho y Higurashi, que se hallaban trotando con Juanita, pero ésta los había dejado un poco atrás.
Se acercan todos a donde está Donatello, quien les dice cómo se llama y a qué se dedica. Después de esto, suena una canción alegre y entusiasta con un ritmo lleno de vida. Poco a poco todos van contando sus vidas:
Juanita es una mujer comprometida con un físico de partículas subatómicas, pero su relación se va deteriorando a medida que su prometido se obsesiona con sus investigaciones y le dedica menos tiempo a ella. Higurashi acaba de salir de una relación larga y tormentosa donde sufrió maltrato psicológico, mismo que sólo la amistad de Juanita le ayudó a superar. Aquiles, Edgar y José son miembros de una banda de rock progresivo semi profesional llamada "Los Miserables" y tienen una presentación esa noche. Invitan a Donatello al concierto y su semblante se llena de esperanza, pues según él cuenta, nunca ha tenido un amigo de verdad. Suena una canción instrumental, triste al principio y alegre hacia el final.
Ligada a esta última canción empieza otra un poco más pesada, con guitarras eléctricas distorsionadas y un ritmo frenético, misma que los integrantes de la banda tocan en el escenario. La interpretación es ovacionada por el público y con ella se cierra el concierto. Los miembros de la banda invitan a Donatello a festejar junto con Higurashi, Juanita y su representante Cuco, joven pero talentoso manager.
Todos están contentos porque parece ser el inicio de una nueva etapa del grupo dada la gran aceptación del mismo y Cuco les promete muchas cosas en el futuro próximo.
La última escena de este acto termina con Donatello mirando embelesado a Juanita mientras suena una balada melosa.
viernes, 24 de julio de 2009
Imposible
La lluvia caía a chorros y no parecía ceder sino todo lo contrario: comenzaba a granizar. Cuando me dí cuenta de que eso iba para largo busqué algo qué hacer mientras y como no encontré nada mejor me puse a jugar con mi celular: un jueguito de una nave espacial que va disparando burbujas al que nunca le había entendido. Esa vez no fue la excepción. Guardé el juguetito y busqué algo qué leer. Sólo papeles del trabajo. Aburridos formatos para llenar, escritos para corregir y cartas para mandar. No conozco otra cosa más desesperante que estar en un lugar en el que no puedes hacer nada pero tampoco te puedes ir. Encendí un cigarro. Hubiera sido insoportable estar allí si Ella no se hubiera acercado con su melodiosa voz a pedirme uno. Me quedé estupefacto –es el único que tengo– fue lo único que se me ocurrió decir a la vez que estiraba la mano para ofrecérselo. Ella lo tomó con una sonrisa amable y le dio las tres antes de devolvérmelo.
Su cabello rubio estaba mojado y aparentaba ser más oscuro de lo que en realidad era, su blusa –también mojada– dejaba claro que tenía frío y sus pies calzados apenas por unas sandalias indicaban que tampoco había previsto el aguacero. Para ese entonces seguía llegando más gente al refugio de tal forma que quedé a dos o tres cuerpos de distancia de la rubia y sólo podía verla de perfil. Era perfecta, la mujer que había imaginado en muchas ocasiones como imposible ahora estaba frente a mí, de perfil y me había pedido un cigarro diez minutos atrás. Debí aprovechar ese momento para hacerle la plática o por lo menos no debí de separarme mucho de ella. Por otra parte, mi posición tenía la ventaja de que podía verla todo lo que quisiera sin que ella lo notara, o por lo menos eso creía yo. La contemplé durante todo el tiempo que duró ese aguacero y así el tiempo pasó más rápido.
La lluvia comenzaba a mermar y la gente a irse. Poco a poco el lugar fue quedando vacío de nuevo, las personas volvían a caminar por las calles e incluso algunos se paraban en las esquinas a esperar el transporte. Como no quería que se mojaran mis papeles y como no podía dejar de ver a la rubia, me esperé en el lugar hasta que todos se fueron menos Ella y yo. Entonces me dirigió una mirada por una fracción de segundo lo que yo interpreté como coqueteo. Sus pies comenzaron a moverse, sus caderas a contonearse y su olor a desvanecerse. En ese momento tuve un deseo excesivo de no separarme de Ella. Cuando me dí cuenta la estaba siguiendo, dos o tres cuadras por lo menos, siendo que mi camino apuntaba a la dirección contraria. Aún así no podía reaccionar, una fuerza mucho más grande que mi voluntad me obligaba a seguir sus pasos, a caminar sobre sus huellas guiado por la estela mágica de su aroma. No supe por dónde ni cuánto tiempo caminé, era de noche y no podía reconocer nada a mi alrededor. El barrio al que llegamos carecía notablemente de alumbrado público y sólo se veía a lo lejos la luz proveniente de una casa solitaria en medio de la nada. Quizá me encontraba cerca de una carretera. Fue entonces cuando me entró el miedo y la preocupación sobre la manera en la que iba a volver a mi casa. Pero ya era demasiado tarde y había dedicado tanto tiempo a seguirla, que regresar a buscar un taxi en ese momento me pareció estúpido. Decidí seguirla hasta la casa, que era hacia donde evidentemente Ella se dirigía. Ahí le hablaría y quizá le pediría quedarme a dormir si es que no se espantaba y llamaba a la policía antes.
Quedé sorprendido cuando se metió y dejó la puerta abierta. Entré unos segundos después y la cerré cuidadosamente. Por un momento pensé si estaba haciendo lo correcto, pero me pareció que si ya había llegado tan lejos debía de continuar a toda costa. Entonces me dí cuenta de que se había metido al baño y estaba tomando una ducha. El ruido de la regadera hizo que la imaginara: las gotas cayendo sobre su piel desnuda y deteniéndose por un momento sobre su vello púbico para caer finalmente a sus pies. Envidié a las gotas en su corto recorrido, al jabón y al enjuague, a la esponja y a la toalla con la que se secaría. Sentí ganas de poseerla en ese momento, de meterme a la ducha y terminar con la angustia de estar a unos metros de mi sueño imposible sin ser parte de él. Cuando cerró la llave de la regadera me sentí desolado. Me hubiera marchado en ese momento si Ella, al salir del baño, no me hubiera mirado con una expresión de indiferencia y me hubiera ordenado que me bañara y que después la viera en el cuarto. No lo pensé dos veces. Dejé la carpeta en una mesita que se encontraba cerca del sofá donde estaba sentado yo segundos antes, me quité la ropa y me metí al baño. Hice como que me bañaba pero lo más seguro es que aquella vez rompí mi marca personal de cinco minutos. Me sequé lo más rápido que pude y traté de que los calzoncillos ocultaran un poco mi erección. Entré a su cuarto, estaba exageradamente ordenado y olía a Ella. La alfombra terminó de secar mis pies y en pocos segundos me metí en la cama donde me esperaba desnuda. No dijo una sola palabra y comenzó a besarme. A partir de ese momento una sensación de somnolencia se apoderó de mí.
Nunca supe si lo hicimos porque el placer que pude haber sentido indudablemente se inhibió con el estado de estupefacción en el que me encontraba. Sólo sé que desperté en una casa totalmente distinta a la suya y a la mía, que mis parientes iban a visitarme ese día, que nunca existió una persona con la descripción física que yo daba, que la pareja de ancianos que maté estaba al borde de la tumba pero eso no me daba ningún derecho, que el juez tuvo consideración por mi estado mental. En fin, mi sueño perfecto fue tan rápido y confuso que nunca sabré si ese día se convirtió en realidad o si simplemente lo soñé por última vez.
Giles
miércoles, 22 de julio de 2009
Dominó
El otro día tenía muchas cosas qué hacer pero como casi siempre me pasa decidí no hacerlas y me puse a jugar dominó y a platicar trivialidades con un viejo amigo. Estábamos esperando a que llegaran los demás y aprovechábamos el tiempo jugando partidas uno contra uno. Para hacerlo más interesante mi amigo me pidió que lo hiciéramos a cien puntos. Empezábamos la primera ronda cuándo me contó que alguna vez le había ganado a alguien en una sola partida. Desde luego dudé de la veracidad de su comentario y lo primero que pensé fue si la suma de todos lo puntos de las fichas podía dar como resultado más de cien puntos. Se lo pregunté. Naturalmente me dijo que sí y que incluso podíamos sumarlas ahí mismo si eso calmaba mi duda.
Había empezado a sumar una a una las fichas, lo que me pareció bastante salvaje y por ello decidí llamarle a esta forma de resolver el problema, el método salvaje. Por supuesto que se puede llegar al resultado correcto de esta forma, quizá se cometa algún error por distracción pero después de dos o tres conteos se hubiera podido asegurar que el resultado era el correcto. No obstante, nosotros éramos estudiantes de ingeniería y aún más, bastante holgazanes, así que me pareció un disparate hacer el conteo de esa forma.
En ese momento llegó a mi mente una anécdota acerca de un célebre genio matemático llamado Federico Gauss, que según la leyenda, un día su maestro de primaria teniendo flojera de dar clases y confiando en la inocencia de sus alumnos les había puesto a sumar todos los números del uno al cien. Gauss prefirió ahorrarse trabajo pensando un poquito antes de empezar a sumar a lo loco, así que agrupó los números de tal manera que los sumó así:
1+99+2+98+3+97+4+96+...+49+51+50+100 = 100+100+100+...+100+50+100= 49*100+150=5050.
Utilicé este método al que llamé método de Gauss, que adaptado al dominó consistiría en agrupar las fichas en conjuntos de doce, es decir: 0:0 con 6:6, 0:1 con 6:5, 0:2 con 6:4,..., 2:4 con 3:3; con lo que al juntarlos me resultaron 14 grupos de 12, esto es: 14*12=168.
Con esto ya estaba resuelto el problema, pero yo no llevé un año de cálculo en la preparatoria y otro más en la universidad para luego no utilizarlo. Así que decidí hacer una función tal que yo le diera el número de ficha y me regresara la suma de los puntos en la ficha. Para empezar decidí que la ficha de menor valor (la 0:0), iba a asignarle el número 0, a la 0:1 el número 1, a la 1:1 el 2, a la 0:2 el 3 y así sucesivamente hasta darle el número de ficha 27 a la 6:6. Con lo que f(0)=0, f(1)=1, f(2)=1,..., f(27)=12. Hacer la suma con esta función es de nuevo el método salvaje. En este punto recordé que una integral es como una suma pero con cantidades infinitesimales. El problema es que esta función es discreta, pero esto se soluciona porque se puede convertir a una función continua si se le aplica un retenedor de orden cero, esto es, que el valor de la función sea constante hasta que otro valor sea definido. De esta forma, en el intervalo [0,1), el valor de la función sería 0, en el intervalo [1,2) sería 1 y así sucesivamente hasta el intervalo [27,28) donde la función sería igual a 12. Ahora, como buen ingeniero, aproximé esta función con una línea recta (si los convertidores A/D hacen lo contrario, ¿por qué yo no podía hacer esto?). La recta que utilicé para aproximar la función fue f(x) = (3/7)*x. Para encontrar valores específicos era bastante mala, pero lo importante de esta aproximación es que el error resultó ser simétrico, es decir, que los errores positivos y los negativos se cancelaban mutuamente. Con estas consideraciones, la suma de los puntos de todas las fichas es simplemente la integral de 0 a 28 de (3/7)*x*dx, que es 168. A esta forma de resolver el problema le llamé el método integral.
Analicé los métodos: el método salvaje tenía la ventaja de no realizar esfuerzo mental alguno, pero era poco confiable y tardado; el método de Gauss era seguro y rápido, pero era necesario tener las fichas a la mano o ponerse a dibujarlas todas; el método integral era más complejo y requería de suposiciones no muy correctas en el sentido estricto, pero no se necesitaban ni las fichas presentes, ni dibujarlas.
Estaba comentando esto con otro amigo (también estudiante de ingeniería), cuando me dejó anonadado con un cuarto método: si se toman las fichas como dos partes separadas se puede notar que sólo hay ocho 1's en total: 0:1, 1:1, 2:1, 3:1, 4:1, 5:1 y 6:1, al igual que ocho 2's, 3's,... hasta el 6 (obviamente también ocho 0's, pero el cero no cuenta). Entonces la suma se reduce a 8*1+8*2+8*3+...+8*6=suma (N=1 hasta 6) de 8*N=8*(1+2+3+4+5+6)=8*21=168. A esta solución le llamé el método elegante.
Como conclusiones puedo decir que: (1) la hueva mueve montañas. (2) Para un mismo problema se pueden encontrar muchas soluciones, mismas que implican seguir un método. Este método puede ser el menos óptimo por lo que conviene analizar siempre otras opciones. (3) Pensar antes de actuar puede ahorrar horas o incluso meses de trabajo. (4) La definición más apropiada para solución elegante, es “la que a uno le hubiera gustado encontrar”.