martes, 27 de abril de 2010

Beatriz

14-04-2010


Al momento

no dije nada,

pero en tus dedos vi

un delator temblorcito

al tomar

la hoja amarilla

donde escribí,

con pesar,

los últimos versos.


De antemano

sabía tu respuesta

al pedirte

me aceptaras

como tu escriba

o tu biógrafo;

pero no quedaba

ni un milímetro

de espacio para mi

en tus manos.


Eres transparente

y sólo te ubiqué,

ese día sin nubes,

por medio

de un raro

efecto de la luz

entre los cristales.


Y ya lo intuía

pero debía verte:

eres un fantasma

y tu movimiento

no tiene que ver

con la realidad,

con lo que te rodea;

no hay reflejo,

nunca te reflejarás

sobre la superficie,

pulcra y suave,

del presente.






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